El Melancólico y la Familia



Egocéntrico, susceptible, y quisquilloso. El melancólico es más egocéntrico que cualquier otro temperamento, pues todo lo interpreta en relación consigo mismo. Si, por ejemplo, se anuncia en su trabajo alguna nueva disposición, inmediatamente reacciona alarmado pensando que es a él al que quieren agarrar.
Tiende además a compararse con los otros en apariencia exterior, en talento, en intelecto, sintiéndose invariablemente deficiente porque jamás se le ocurre que se compara con los mejores rasgos del otro y hace a un lado sus puntos débiles.
Este rasgo de egocentrismo, juntamente con su carácter sensible, hace que el melancólico sea muy susceptible y quisquilloso por momentos. Se puede ofender a un melancólico con solo mirarlo.
Vengativo y propenso a sentirse perseguido. El talentoso cerebro del melancólico puede ser terreno fértil para conceptos creativos y positivos, o la fuente de pensamientos perjudiciales. Aun cuando no es tan expresivo como el sanguíneo o el colérico en su enojo, es perfectamente capaz de alentar un rencor de ebullición lenta y de larga duración que se manifiesta en pensamientos vengativos y en meditaciones de auto persecución.
Si se alienta esto por un tiempo suficiente el resultado puede ser el que se transforme en un maniático depresivo o por lo menos que explote de ira, de un modo que resulta enteramente distinto de su naturaleza normalmente suave.
Las líneas negativas de pensamiento hacen que el melancólico tome decisiones poco realistas. El noventa y cinco por ciento de las veces su línea de pensamiento vengativa y opresiva saca el problema fuera de toda perspectiva.
Temperamental, depresivo, antisocial. Una de las características más prominentes del melancólico se refiere a los vaivenes de ánimo. En algunas ocasiones se siente transportado a tales alturas que obra como si fuese un sanguíneo y en otras, se siente tan deprimido que quisiera deslizarse por debajo de las puertas.
A medida que aumenta en años aumentan los momentos de insatisfacción, amargura y depresión, a menos que haya a prendido a auto controlarse.
Legalista y rígido. Ningún temperamento es tan susceptible a ser rígido, implacable e intransigente, hasta el punto de ser totalmente irrazonable, como el melancólico.
Es el mártir natural de su causa. Es incapaz de falsear la información en los formularios de impuestos o cualquier otro. Es intolerante e impaciente con los que no ven las cosas como las ve él; en consecuencia le resulta difícil formar parte de un equipo y con frecuencia se desenvuelve sólo en el mundo comercial.
Impráctico y teórico. El melancólico es un idealista por lo que a veces tiende a ser impráctico y muy teórico por lo que le convendría someter siempre sus proyectos a la prueba de la viabilidad y le conviene asociarse con personas de otro temperamento que se complementen.



El padre, o madre perfeccionista es lo que todos los demás desearían ser: limpios, organizados, puntuales, juiciosos, analíticos, detallistas, conscientes, talentosos, dedicados, musicales, pacientes, artísticos, creativos, poéticos, sensibles, sinceros y firmes.  El padre o madre melancólico toma muy en serio el tema de la crianza de los hijos, tratando de formar hijos perfectos y busca métodos para hacer su tarea lo mejor posible.
Con frecuencia estos padres se niegan a usar las 4 personalidades como una herramienta porque les parece demasiado simple, les parece que es poner etiquetas injustas a las personas. Sin embargo, una vez que deciden probar la idea (puesto que son personas analíticas), hallan que su simplicidad puede explicar asuntos complejos. Aprenden que las etiquetas son necesarias para dividir la personalidad o temperamento de las personas en unidades comprensibles, y que la teoría se convierte en un arma útil para tratar con las demás personas y con sus niños.
Una vez que estos padres perfeccionistas examinan con mente abierta el uso de las 4 personalidades,  se alegran de lo fácil que resulta comunicar esta destreza a su familia y a los demás. 
Por primera vez en su vida, el melancólico profundo comprende porqué las demás personas no ven las cosas a su manera. Anteriormente la persona perfeccionista pensaba que todos debían ser perfeccionistas como ella y asumía que todo querrían ser así si tan solo supieran como. ¡Qué experiencia reveladora  es hallar que solo una cuarta parte de las personas en el mundo tienen la capacidad o el deseo de hacerlo todo perfectamente! Los padres melancólicos necesitan recordar esto o arriesgarse a criar niños que no encajen en un molde “perfecto” a pesar de sus mejores esfuerzos.
Estos padres tienden a ser  “Padres del estilo de amor y límites” pero muchas veces caen en el error de no aceptar a sus hijos y de ser muy estrictos por sus altos ideales de perfección, tienden a ser un poco intolerantes, critican demasiado y se quejan de la falta de colaboración. Haciendo de esta manera mucho daño.

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