El Flemático y La Familia


El flemático generalmente se levanta temprano, se va a su trabajo o actividad diaria de buen humor, y habiendo cumplido un horario corrido, regresa "completamente agotado". Con frecuencia duerme una larga siesta, tras lo cual se sienta frente al televisor (que maneja a control remoto), y en el curso de la tarde se duerme y se despierta según los programas.
Por último, después de las noticias de la noche, su mujer lo despierta y lo ayuda a meterse en la cama, donde se duerme profundamente hasta la mañana siguiente. Y esto todos los días invariablemente.
Autoprotección. A nadie le gustan las heridas, y esto resulta particularmente cierto en el caso del flemático. Si bien no es tan sensible como el melancólico, tiene piel bastante delgada y, por lo tanto, aprende a protegerse a una edad muy temprana.
Es bastante frecuente que aprenda a vivir como una tortuga, erigiendo un duro caparazón protector que lo escude de todo dolor o afrenta externos.
Mezquino y avariento. Esta es una característica de las que solo pueden dar fe las personas que viven con un flemático, pues su actitud siempre cortés y correcta para con los demás, hacen que el resto de las personas no se percaten de ella.
El flemático cuida cada centavo y actúa como un avaro, excepto cuando se trata de comprar algo para sí mismo. Normalmente es el que da las propinas más pequeñas.
Terco, terco y terco Nadie es más terco que el flemático; pero es tan diplomático, hasta en eso, que a la gente le puede pasar desapercibido.
Casi nunca se enfrenta con otra persona, ni se niega a hacer algo, pero de algún modo se las arregla para eludir la responsabilidad. Ante una situación familiar el flemático jamás grita o discute. Se limita a arrastrar los pies o se planta y se niega a moverse.


Este padre o madre que es indulgente tiene algunos inconvenientes. Al menos que el padre Flemático desarrolle una guía de reglas para disciplinar y se aferra a ellas, un niño sanguíneo dulcemente lo manipulará y dulcemente buscará la manera de salirse con la suya y evitará sus merecidas consecuencias, y un niño colérico puede llegar a mandar en el hogar. Los padres apacibles deben obligarse a invertir energía en sus relaciones con sus hijos para que la comunicación no se haga inexistente. El padre flemático que se retrae a su propio mundo, se retira también de la responsabilidad de ser padre, lo que no favorece a un niño.
Los padres Flemásticos con hijos Coléricos que es el opuesto tienden a transformarse en hijos y el niño en el jefe de la familia, ese cambio de roles no es bueno para el niño, porque no tendrá una imagen correcta de lo que es un padre o madre con autoridad y protección.
Por eso cuando muchos padres, no solo Flemáticos sino de todos las personalidades y mezclas de ellas, me escriben preguntándome como hacer para que su hijo cambie, la respuesta está en ellos mismos. No nacimos sabiendo ser padres y cometemos muchos errores sin darnos cuenta por nuestro tipo de personalidad. Si queremos que nuestros hijos cambien o mejoren ciertas actitudes el cambio empieza por nosotros los padres.
Estos padres tienden a ser  Padres Permisivos  y una de sus debilidades es que no trazan metas ni reglas para sus hijos, dejándolos demasiado a la deriva.

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